Hoy quiero compartirte otro descubrimiento clave a la hora de reflexionar sobre los desafíos —los míos, los tuyos, los que día a día nos propone la vida.
Porque lo cierto es que todos los días aparece algo que nos mueve: una conversación que no sale como esperabas, una tensión con la pareja, una preocupación por el dinero, un silencio con alguien que querés, una sensación de falta, de vacío o de “otra vez esto”.
Y ahí vamos, buscando entender. Tratando de resolver, de corregir, de anticipar.
Pensando: “¿Qué hice mal?”, “¿Qué tengo que cambiar?”, “Cómo puedo hacerlo mejor la próxima vez?”.
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En general, cuando algo duele o incomoda, miramos hacia afuera. Analizamos la situación, el contexto, las palabras, el otro. Creemos que lo importante está en comprender lo que pasa. Pero muy pocas veces nos detenemos a mirar desde dónde estás mirando lo que te pasa.
🌗 El observador interno
Porque no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos cuando las miramos.
Y esa forma de mirar no surge de la nada: nace de una historia, de emociones, de heridas, de aprendizajes.
Cada una de esas experiencias va construyendo dentro tuyo un observador interno, una especie de lente desde el cual interpretás todo. No es lo mismo mirar una situación desde la culpable, que desde la insatisfecha, que desde la que se exige, la que necesita tener razón, o la que siente que nunca llega a tiempo. Cada una de esas miradas tiene su tono, su emoción y su narrativa.
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Si mirás desde la que culpa al otro, te perdés de ver tu propio poder.
Si mirás desde la que se exige, te perdés de ver tu necesidad de descanso.
Si mirás desde la que busca comprensión, te olvidás de sentir.
Y así, cada observador interno tiñe la escena con su propio filtro.
🧠 De las situaciones a las creencias
Detrás de ese observador interno hay algo todavía más profundo: las creencias subconscientes que lo sostienen.
La mente subconsciente almacena todas las asociaciones que hiciste sobre lo que era seguro, peligroso, bueno o malo cuando eras chica. Desde ahí, se programan creencias como:
“Si no controlo, algo malo va a pasar.”
“Si me relajo, me van a pasar por encima.”
“Si no tengo razón, pierdo valor.”
“Si no entiendo, no estoy a salvo.”
“Si me muestro, me van a rechazar.”
Cada una de esas creencias actúa como una orden silenciosa que condiciona tu manera de percibir. Y lo que percibís, termina siendo lo que llamás realidad.
Por eso, muchas veces no estás repitiendo situaciones…estás repitiendo posiciones internas, programadas desde esas creencias.
🌱 Cambiar el lugar desde donde mirás
El paso más transformador no es cambiar la situación, sino cambiar el lugar interno desde el cual la estás mirando.
Cuando dejás de observar desde la herida o desde la reacción, y empezás a observar desde la conciencia, aparece una mirada nueva, más amplia, más serena, donde ya no necesitás tener razón ni entenderlo todo para sentirte segura.
En ese instante, dejás de buscar la solución “afuera” y empezás a encontrar respuestas adentro.
Porque cuando cambia el observador, cambia también todo lo observado.
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Preguntas para explorarte
¿Desde qué parte de vos solés mirar lo que te pasa?
¿Qué versión de vos domina tu observador?
¿Qué emociones se repiten cuando mirás tus conflictos?
¿Qué mirada estás dejando afuera?
¿Qué cambiaría si pudieras mirar desde un lugar más neutral, más amoroso, más consciente?
A veces el verdadero cambio no está en la situación, sino en el “yo” que la observa. Y cuando empezás a reconocer eso, descubrís que la vida no te pide resolver rápido, te pide ver distinto.
Si te interesa aprender a mirarte por fuera de tus creencias te invito a sumarte a mi programa online de autoconocimiento.
Abrazos, Meche. 💗
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